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que debemos añadirle diferencias como por ejemplo en los hábitos alimenticios.
Conviene, por supuesto, determinar los efectos de un medicamento administrado en condiciones ideales, pero no debemos esperar resultados tan favorables cuanto el medicamento pasa al uso general para tratar pacientes que tal vez no hayan estado representados en los ensayos terapéuticos o que puedan sufrir otras enfermedades y estar sometidos a la acción de otros medicamentos, y que además son objeto de una vigilancia menos estrecha.
No se puede ni debe retrasar el uso general de un medicamento valioso hasta que se conozcan todos sus efectos posibles, lo que confirma la necesidad de su vigilancia post-mercadeo.
En este sentido, la farmacovigilancia no solo se ocupa de la vigilancia postcomercialización del medicamento, sino a la gestión de los posibles riesgos, la prevención de las fallas terapéuticas, la comunicación de la información y la promoción de un uso racional y adecuado del medicamento.
Las reacciones adversas de los medicamentos son de interés en la salud pública, aun cuando son infravaloradas, no tomados en cuenta o no relacionadas con la administración del fármaco por los profesionales de la salud e incluso por algunos pacientes, la identificación y su seguimiento son de suma importancia para controlar la seguridad de los medicamentos, reducir los riesgos de los tratamientos y evitar o acortar los periodos de hospitalización.
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