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La actividad farmacológica y la eficacia terapéutica de los medicamentos actuales se encuentran, a veces, afectadas por su capacidad para provocar reacciones adversas con el consiguiente riesgo para los pacientes. Esta realidad es la causa de una cierta inquietud en relación al empleo de los medicamentos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Organismos Sanitarios relacionados a los medicamentos, se han encargado de organizar sistemas que faciliten la pronta detección de las reacciones adversas provocadas por los medicamentos (RAMs), con el fin de limitar en lo posible los riesgos en las personas que los utilizan.
La información sobre las RAMs puede generarse por notificación voluntaria de los profesionales de la salud en el ejercicio privado o público, sobre todo por los médicos en la consulta externa u hospitalaria, en centros previamente designados o por aplicación de técnicas epidemiológicas que permitan obtener información sistemática de diversas fuentes.
En Venezuela el Ministerio del Poder Popular para la Salud cuenta con un Sistema Nacional de Farmacovigilancia, cuyo Centro Nacional, llamado Centro Nacional de Vigilancia Farmacológica (CENAVIF), ubicado en el Instituto Nacional de Higiene "Rafael Rangel" el cual tiene como finalidad, recibir reportes sobre la detección de Sospechas de RAMs, por parte de los profesionales de la salud y de los Laboratorios Productores, evaluarlas, validarlas y retroalimentar la información.
El desastre de la Talidomida a comienzos de la década de los sesenta, cambió en forma fundamental el desarrollo de la investigación farmacológica. Se introdujeron nuevas y más exhaustivas pruebas de toxicidad en animales, se comenzó a exigir ensayos clínicos controlados como prueba necesaria de eficacia y seguridad de los medicamentos para autorizar
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