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Los fármacos han sido y serán una maravillosa opción para prevenir, curar, rehabilitar y tratar enfermedades de todo tipo, pero si no se elaboran bajo las normas establecidas, mediante procesos de investigación muy rigurosos y se estudian los efectos que pueden producir, su uso y consumo puede ser muy peligroso y contraproducente.
La farmacovigilancia es una actividad que surgió en 1966, cuando se detectó que la talidomida un fármaco que era utilizada por muchas mujeres embarazadas, provocaba la malformación de los fetos con consecuencias muy severas, sobre todo en el desarrollo de las extremidades (focomelia).
Desde ahí, se empezaron a realizar estudios y se descubrió que todos los medicamentos pueden generar reacciones adversas (RAM) indeseables en las personas con efectos que van desde una reacción alérgica como la presencia de ronchas hasta la muerte.
La Organización Mundial de la Salud define como RAM a toda reacción adversa a medicamentos, a todo efecto perjudicial o indeseado que aparece con las dosis usuales utilizadas en el hombre para profilaxis, diagnóstico o terapéutica y en todos los laboratorios, consultorios médicos y diccionarios médico-farmacéuticos, se han establecido acciones y leyendas que señalan las contraindicaciones y los efectos adversos o colaterales en el uso y consumo de todo medicamento.
Se entiende como farmacovigilancia, la ciencia que se ocupa de la notificación, registro y evaluación sistemática de las RAM y tiene como principal objetivo el determinar su frecuencia, gravedad e incidencia para prevenir su aparición.
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